sábado, 19 de enero de 2008

Sólo, solo.


De pequeño me decían que la poesía se leía, y la música se escuchaba. Por mi propia experiencia fueron pagándose las velas de los convencionalismos, y de aquello no quedó más que ceniza y humo que el viento se ocupó de borrar. Hoy me encanta escuchar poesía, me encanta leer música y que tú aparezcas siempre entre los versos desafinados que marcan los golpes asíncronos de mi máquina de latir, que desaparezcas luego para regresar envuelta en notas que suenan a cada paso que das, mientras te aproximas. En ocasiones, diría se vuelve el suelo un piano de teclas perfectamente escaladas bajo el suspiro de tus pies, que sólo tú sabes tocar con saltitos graves o agudos a tu antojo, lanzándome miradas sensuales y mimosas, sin mirar abajo, porque tu nunca lo haces, siempre sabes dónde está todo y me lo dices a mí que no lo sé, al oído, para que nadie pueda llamarme estúpido, a pesar de serlo. En realidad sólo son escusas para besarnos porque no hablamos con nadie en el mundo mundo, al fin y al cabo es lo malo, o lo bueno, de vivir en un planeta, quizás un asteroide, donde sólo estamos tú, yo y un perro transparente de ladridos invisibles llamado Zoe al que sólo yo veo, pero no existe. Entiendes ahora porque a veces hablo solo, juego solo, leo solo, duermo solo y solo me levanto, sólo, si tú no estas a mi lado. No entiendo porqué a veces me dices que no llegarás a dormir a casa, no es posible en un hipoplaneta de un puñado de kilómetros de radio donde puedes adelantar a tu sombra en una mañana soleada con solo con darte un poco de prisa al andar. Malditas sombras, esas sí que me impiden estar solo, son los clavos que pinchan la burbuja, se mueven rápido por la noche y las tienes encima todo el día, es imposible despistarlas. Salvo si tú estás, entonces nos besamos rodeados de brazos y al menos logramos perder a una de ellas. Pero luego vuelve y yo decido hablar con ella; siguiendo el ritual enciendo una vela, cojo un papel y un boli, y comienzo a escribir sobre él de forma que el final de la realidad coincide con el principio de la ficción, y es ese preciso punto, el que dibuja letras, a veces versos, otras garabatos, y comienza a moverse de manera mágica sobre papel cuadriculado soltando la tinta ensangrentada de mi sombra que lejos de abandonarme, ahora también escribe por mí. Sólo puedo levantar el boli del papel y contestar hablando lo que me pregunta, si la punta toca el papel, hablan las sombras.


Romeo and Juliet - The Killers (Dire Straits Cover)

sábado, 12 de enero de 2008

Soliloquio


Quizás valga más ser un idiota, y percibir algo del mundo que nos rodea, que no serlo y permanecer ajeno a él. ¿De qué sirve tratar de comprender el mundo sin conocernos a nosotros mismos?. ¿Hasta dónde ha de viajar el cuerpo para descifrar el alma?. ¿Por qué mueve el mundo la dualidad tiempo-espacio, si a mí no me llega el tiempo, ni tengo suficiente espacio?. ¿Qué es la soledad te pregunto a tí que me acompañas?. ¿Para qué sirve la gente?. ¿Puedo percibir de forma distinta dos escenas exactamente iguales?. ¿Y de una excena, tener dos percepciones opuestas?. ¿Tiene que ser todo bueno/malo, feo/guapo, útil/inútil, verdad/mentira, vida/muerte?. Te hablo desde el triste islote del medio de un planeta en medio de la nada. Te hablo desde la última sílaba del tiempo testimoniado. ¿Se te ocurre algo más desolador?.

Acto 5, escena 5 ( Macbeth, W.Shakespeare)
Mañana, y mañana y mañana
Se desliza en este mezquino paso de día a día,
A la última sílaba del tiempo testimoniado:
Y todos nuestros ayeres han testimoniado a los tontos
El camino a la muerte polvorienta. Muere, muere vela fugaz!
La vida no es más que una sombra andante jugador deficiente
Que apuntala y realza su hora en el escenario
Y después ya no se escucha más. Es un cuento
Relatado por un idiota, lleno de Ruido y Furia,
Sin ningún significado.

(Este acto contiene los versos que dan lugar a una de las grandes obras de la literatura, "El ruido y la furia" de W.Faulkner, que ha inspirado este post)

domingo, 6 de enero de 2008

...el número dos adormece a las mujeres

El poeta llega a la Habana
Pequeño poema infinito

Para Luis Cardoza y Aragón

Equivocar el camino
es llegar a la nieve
y llegar a la nieve
es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios.

Equivocar el camino
es llegar a la mujer,
la mujer que no teme la luz,
la mujer que mata dos gallos en un segundo,
y luz que no teme a los gallos
y los gallos que no saben cantar sobre la nieve.

Pero si la nieve se equivoca de corazón
puede llegar el viento Austro
y como el aire no hace caso de los gemidos
tendremos que pacer otra vez las hierbas de los cementerios.

Yo vi dos dolorosas espigas de cera
que enterraban un paisaje de volcanes
y vi dos niños locos que empujaban llorando las pupilas de un asesino.

Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y su sombra,
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo
y es las murallas del muerto
y el castigo de la nueva resurrección sin finales.
Los muertos odian el número dos,
pero el número dos adormece a las mujeres
y como la mujer teme la luz
la luz tiembla delante de los gallos
y los gallos sólo saben volar sobre la nieve
tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios

Federico García Lorca.
10 de enero de 1930. Nueva York.






jueves, 3 de enero de 2008

¿Cuándo fuimos los mejores?

A mi gran amigo César Alonso Merchán, que tanto me dio en vida y tanto me quito con su marcha.


( 5/9/1981 - 25/12/2007, Astorga)




Valga esto como una asquerosa despedida que nunca debió producirse, como un absurdo riachuelo de lágrimas al que cada vez se le suman nuevos afluentes, que no va a parar a ningún sitio, ni tiene un mar que le abrace al llegar a una falsa desembocadura olvidada, desapercibida ante los ojos oscuros del tiempo que marca la ida en tu calendario, pero deja la vuelta abierta, y se atreve a decidir por tí ambas fechas. Todo son repugnantes fechas, como la piel de un sapo, pegajosas y pringosas, al final sólo somos eso, el único epitafio que reza tu tumba son dos malditas fechas, la primera y la última. La única respuesta a la retórica pregunta de "¿cuál es el mejor y el peor día de tu vida?". El tránsito cruel por esta vida es una decadencia continua del ser en el momento en que comprende el transfondo de esta verdad que os confieso. Si no quieres saber lo que esto significa, ahorrate las próximas lineas.




Podríamos hablar del existencialismo ateo de Jean Paul Sartre, o remitirnos al pensamiento agnóstico de Albert Camus, pero como estas reflexiones no están a su altura, trazaré mi respuesta según la mente cansada de un alma vieja y frágil que transcurre por la vida bajo la capa de un alter ego sonriente y en ocasiones frustrado dicharachero. Haciendo un esbozo a vuelapluma de las últimas enseñanzas de esta absurda vida, podríamos decir que somos sustancias sin fecha de caducidad exacta, somos pues, almas de consumir-preferentemente antes-de-tal-día, ángeles caidos castigados a vivir sin alas y condenados a volver al cielo, jóvenes exploradores que como Ícaro caemos al mar cuando queremos tocar el sol, ante la perturbada mirada de quien nos acompaña. El sol derrite las alas, y como decía Más allá del olvido, su luz también borra las sombras, las difumina y las olvida. Qué ocurre cuando eres consciente de que el mejor día de tu vida fue el de tu nacimiento, como decía L.M.Panero, en la infancia se vive, el resto se sobrevive, cuando te das cuenta de que pasó, se fue, voló y ni siquiera te enteraste de lo mejor.




Qué ocurre cuando comprendes el final de la frase, cuando entiendes lo que realmente encierra decir que el peor día de tu vida es el de tu muerte. Significa que cada uno de nosotros es como la luz de un sueño que diría Montero, que no raya en el mundo pero existe, aunque Google se empeñe en decir lo contrario cuando tecleas tu nombre. Ese que algunos se piensan, todo lo sabe. Para los amantes de las estadísticas, si tecleo en el buscador God, hay 506.000.000 links, si tecleo Google, 1.470.000.000 links. ¿Podría haber algo más importante en la vida que Dios y Google?. Has probado a teclear Me. Quizás debamos poner cada día un YO gigantesco en la pizarra de los sueños, conscientes ya, de que no serás actor en el peor día de tu vida, lo será tu sombra. Quizás la vida me deje inacabada esta armadura oxidada de latón pesado, forjada con cada golpe del destino, doblada en lances pasados y presentes, que trata de mantener mis sentimientos apartados del mundo que los vandidos atacan con besos y poco más, pocas más armas utilizan, pocas más cosas achatan mi coraza. Acá, esperando, que la vida termine su trabajo y me prohiba también sonreir y llorar, allá, luchando cada día para que no me venza, entrenando cada combate con la risa y el llanto para que no caiga el olvido a aplastar los sentimientos. Temeroso, muy consciente de que la vida, siempre termina su trabajo.




César, quizás sólo se trata de que no estas aquí...


Y a mí, ya que prefiero escoger mis derrotas,


quiero que me recuerdes derrotado,


como quien algo espera


más allá de los tiempos y los hechos.


Quizás porque haga falta haberlo presagiado


o porque, en todo caso, nadie sabe


dónde acaban los sueños.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Aún soplaba el viento en el bronce abandonado

...es que no tengo ningún sitio adonde ir, sólo estas ruinas, están siempre aguardando en el otero, no sé a qué esperan, míralos ahí, aguardando en silencio, como si te reclamaran, sólo faltas tú, si no puedo hacer nada por ellos, quiero hablarles y no saben escuchar, están sin estar, no sé qué es lo que buscan, lo que esperan, bajan a Poimala y vuelven al arrimo de la torre, salen del fosal y no dejan de caminar junto a las tapias, a veces se están quietos y hacen gestos con la mano, te reclaman y tú no quieres ir, no quieres regresar, no quieres recordar el tiempo de los hongos recién brotados tras la lluvia, los olores de las islas en octubre, el aire fragante de jardines y palmeras, atrincherado en la litera de un dormitorio gris invocas el sueño que no acaba de llegar, velas en la sombra, espías hasta el toque de diana, hueles, recuerdas aquella atmósfera cálida que borraba los amaneceres fríos de Poimala, había llovido durante la noche y de la tierra volcánica se elevaba un vaho tibio con el olor de las flores recién cortadas.
La luz del sol borra las sombras, las difumina, las olvida. [...]

"Más allá del olvido" Andrés Martínez Oria

martes, 11 de diciembre de 2007

Esté donde esté.



Aquí es donde estoy yo esté donde esté
yo siempre estoy aquí donde me ves.
Esta casa, esta cara, estas cosas
cansan, porque aquí cansa
aquí hace sed de irse, sed de allí
pero allí es el lugar donde jamás podré estar,
donde yo soy imposible vaya adonde vaya,
allá donde yo llegue será aquí
y estaré ya esperándome a mí mismo
con un ramo de rosas iguales en la mano.
ahí es tu aquí
ahí parece un grito porque es donde te duele
yo quiero estar ahí, donde estás tú,
tú aquí o, mejor, los dos allí, remotos, juntos
porque lo vivo es lo junto
ahí hay el amor que no hay aquí
estas cosas tocadas por tus manos,
eso que piensas, dices, callas, sueñas,
esos lugares donde estás sin mí,
eso deseo, eso necesito
y ser tu ahí, tu aliento intercalado.


Adverbios de lugar ( Juan Vicente Piqueras )

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Un vuelo y mil dudas.

Un avión pequeño, con los reactores en la parte de atrás, junto las aletas, y no agarrados de las alas, como es habitual en los más grandes. Un vuelo nacional, te puedes creer, quizás quince o veinte veces más, no sé, había tomado uno, pero siempre había sido internacional, siempre afuera, pero demonios este iba para acá, para dentro, sin necesidad de check-in pero con una mochila en la espalda, vacía a la ida, llena a la vuelta. Todo era muy raro. Bocadillos y refrescos gratis, periódicos, frutos secos, dentro todo era perfecto, sin embargo yo nunca quise estar en aquel avión en que no montaste.


De tránsito por tus brazos.

No me acompañes al embarque
para no mezclar nuestros ojos tristes,
con el alboroto de mochilas en el escaner,
y la frialdad de un detector de mentiras,
que en mis manos descubriría
dónde exactamente escondes
tus crueles artimañas,
con que trituras mi pecho cuando te marchas,
cuando me voy allá, y te quedas acá,
envuelta entre zapatos negros,
entre almas despistadas y patéticos
equipajes de mano
llenos de todo, vacíos de tí.
No se si montar en el avión que te deja,
o aterrizar de nuevo entre tus brazos,
un viernes cualquiera, en una ciudad secreta,
dónde me esperarás para que te coja,
y seas tú, quien vuele
trazando círculos ante la perpleja mirada
del hombre que sostiene un cartel,
con el nombre, de alguien
que no conoce,
a quien espera,
envuelto él también en nuestras risas,
arrollado por el poder con que tus besos,
atrapan inconscientemente
en la espiral que dibujan tus pies,
que como un remolino me traga,
y me lleva, para siempre,
al país donde la única moneda,
son tus palabras,
que se cambian por sonrisas,
que compran sueños,
que venden besos
y regalan billetes de avión,
aeropuertos,
y ciudades para vernos.
Aún miro hacia arriba, buscando un lazo azul entre la gente.