lunes, 27 de febrero de 2012

Atardecer en la Feria



Hoy toca Raimundo en el cierre de fiesta
por eso están llenos de gitanas guapas
los bancos de hierro en los coches de choque
junto a la caseta, detrás de la carpa
Nos encontraremos a las nueve y media
mirará como un niño subiendo a la noria
los chicos del barrio están quemando piedras
pero en la caseta de los populares
el vino es mas caro y reluce la fruta
la gomina en el pelo y las camisas de marca
cuatro camareros siguen en la lucha
donde nos despachan mojito cubano
Y es tu corazón, una montaña rusa,
y el mío un par de botas sucias
es tu corazón, una montaña rusa
bajando por tu blusa
se escribe esta canción.
Cantantes de orquesta que actúan en play-back
escopetas fallidas y televisores
bailarinas que nunca llegaron a estrellas
reinas de la rumba de las atracciones
Piel de caramelo y dulce de manzana
cervezas sin alma y cartones de bingo
la gente en las colas sólo se pregunta
¿Ganará el Madrid contra el Barsa el domingo?
Y es tu corazón una montaña rusa,
y el mío un par de botas sucias



jueves, 9 de febrero de 2012

Reflexiones . 6 . Which way I ought to go from here?


Alice and the Cat. Lewis Carroll. Alicia y el Gato.

Alice: Would you tell me, please, which way I ought to go from here?
The Cat: That depends a good deal on where you want to get to.
Alice: I don't much care where.
The Cat: Then it doesn't much matter which way you go.
Alice: …so long as I get somewhere.
The Cat: Oh, you're sure to do that, if only you walk long enough.

Alicia: Podría decirme, por favor, qué camino he de seguir desde aquí?
El Gato: Eso depende en buena medida del lugar adonde quieras ir.
Alicia: No me importa mucho adónde.
El Gato: Entonces no importa por donde vayas.
Alicia: ... siempre que llegue a alguna parte.
El Gato: ¡Oh, siempre llegaras a alguna parte, sí caminas lo suficiente!

lunes, 16 de enero de 2012

Reflexiones . 5 . El fin del mundo.


Llegará el día en que las grandes cordilleras se retuerzan y caigan sobre nuestras ciudades, que los palacios desaparezcan tragados por las sangrientas heridas de la tierra, que el tsunami voraz engulla los últimos atisbos de vida sobre los huesos resquebrajados del planeta. Llegará el día en que la soberbia de Belshazzar no permita entrar a Gobryas en Babilonia, que Sadak encuentre las aguas de Oblivion, que llegue el invierno eterno y tú te vayas.


John MARTIN. Great Day of His Wrath.



miércoles, 14 de diciembre de 2011

Mary bought me a ticket to Donosti!

Se le ponen a uno los pelos de punta cuando suena el Boss y todo se llena de poesía alrededor...

Thunder Road

The screen door slams
Mary’s dress waves
Like a vision she dances across the porch
As the radio plays
Roy Orbison singing for the lonely
Hey that’s me and I want you only
Don’t turn me home again
I just can’t face myself alone again
Don’t run back inside
darling you know just what I’m here for
So you’re scared and you’re thinking
That maybe we ain’t that young anymore
Show a little faith, there’s magic in the night
You ain’t a beauty, but hey you’re alright
Oh and that’s alright with me

You can hide ‘neath your covers
And study your pain
Make crosses from your lovers
Throw roses in the rain
Waste your summer praying in vain
For a savior to rise from these streets
Well now I’m no hero, that’s understood
All the redemption I can offer, girl
Is beneath this dirty hood
With a chance to make it good somehow
Hey what else can we do now
Except roll down the window
And let the wind blow back your hair
Well the night’s busting open
These two lanes will take us anywhere
We got one last chance to make it real
To trade in these wings on some wheels
Climb in back
Heaven’s waiting on down the tracks
Oh oh come take my hand
Riding out tonight to case the promised land
Oh oh Thunder Road, oh Thunder Road
oh Thunder Road
Lying out there like a killer in the sun
Hey I know it’s late we can make it if we run
Oh Thunder Road, sit tight take hold
Thunder Road

Well I got this guitar
And I learned how to make it talk
And my car’s out back
If you’re ready to take that long walk
From your front porch to my front seat
The door’s open but the ride it ain’t free
And I know you’re lonely
For words that I ain’t spoken
But tonight we’ll be free
All the promises’ll be broken
There were ghosts in the eyes
Of all the boys you sent away
They haunt this dusty beach road
In the skeleton frames of burned out Chevrolets

They scream your name at night in the street
Your graduation gown lies in rags at their feet
And in the lonely cool before dawn
You hear their engines roaring on
But when you get to the porch they’re gone
On the wind, so Mary climb in
It’s a town full of losers
And I’m pulling out of here to win

LETRA TRADUCIDA


Thunder Road

La puerta de rejilla da un portazo
El vestido de Mary ondula
Como una visión, baila en el portal
Mientras, suena la radio
Roy Orbison está cantando para los solitarios
Hey, ese soy yo, y te quiero sólo a ti
No me hagas volver a casa
no tengo valor para estar solo
No corras adentro
Cariño, ya sabes para qué estoy aquí
Así que estás asustada y piensas
que quizás ya no seamos tan jóvenes
Muestra un poco de fe, hay magia en la noche
No eres una belleza pero, oye, no estás nada mal
Oh, y para mí eso basta

Puedes esconderte bajo tus mantas
y estudiar tu sufrimiento
Hacer cruces de tus amantes
Tirar rosas bajo la lluvia
Pasar el verano rezando en vano
para que un salvador aparezca en las calles
Bueno, yo sé que no soy un héroe, eso está claro
La única redención que puedo ofrecerte, chica
está debajo de este sucio capó
Con una posibilidad de que salga bien
Oye, ¿qué más podemos hacer?
Excepto bajar la ventanilla
y dejar que el viento eche hacia atrás tu pelo
Bien, la noche irrumpe con fuerza
Estos dos carriles nos llevarán a alguna parte
Tenemos una última oportunidad de hacerlo realidad
cambiar esas alas por unas ruedas
Sube atrás
el cielo nos espera en el camino
Oh, oh, venga, coge mi mano
Esta noche la tierra prometida será nuestra
Oh oh Carretera del Trueno, oh Carretera del Trueno
Oh Carretera del Trueno
Estirada ahí afuera como un asesino al Sol
Oye, sé que es tarde, podemos lograrlo si corremos
Oh, Carretera del Trueno,
Agárrate fuerte, Carretera del Trueno

Bien, tengo esta guitarra
y aprendí a hacerla hablar
Y mi coche está ahí atrás
si estás preparada para hacer ese largo camino
Desde tu portal hasta mi asiento delantero
La puerta está abierta, pero el viaje no es gratis
Y sé que te sientes sola
por las palabras que no he dicho
Pero esta noche seremos libres
se romperán todas las promesas
Había fantasmas en los ojos
de todos los muchachos que rechazaste
Se aparecen en esta polvorienta carretera de la playa
en los armazones de Chevrolets calcinados

Por la noche gritan tu nombre en la calle
Tu túnica de graduación yace en harapos a sus pies
Y en el rocío solitario antes del amanecer
oyes rugir sus motores
Pero cuando llegas al portal ya se han ido con el viento
Así que, sube, Mary
Esta es una ciudad llena de perdedores
y yo me largo de aquí para ganar

martes, 29 de marzo de 2011

Reflexiones . 4 . Dictacracias y demoduras

No sé muy bien si son con B o V, con o sin H, pero uno está cansado de dictacracias y aún más de demoduras, o como se escriban. Mentirosos, o gente que no dice la verdad, that's the only question!. Una nos permite elegir la salsa con la que ser cocinados, como decía Galeano. La otra simplemente trata de convencernos de que la salsa que han elegido para nosotros es la mejor, y con ella nos llevan a la pota (añadiría aquí, siendo escatológico, que yo me cagaría en la cazuela mientras me cocinan, para que al menos coman mierda mientras me devoran; pero no quiero serlo, asique no lo diré; quede esto como una reflexión personal colocada aquí en forma de acotación teatral). Hay dictácratas altos, bajos, gordos y flacos, pero todos son duchos en el viejo arte de la demagogía y el engaño. Hay demodores negros, blancos, viejos y jóvenes, pero todos ellos son los mejores amigos de un pueblo al que aniquilan por la espalda.
Unos descalifican a quien no piensa como ellos, otros los matan, y luego está Putín que hace ambas, o Ahmadineyad que desobede acuerdos internacionales (cómo también los desobedece EEUU o Australia, nos nos olvidemos de estos y su "paso de Kyoto" que tengo que sostener la sociedad del bienestar), o Kim Jong-il que simplemente no pertenece a este mundo, o la república bananera de Chavez dónde te pueden expropiar tu empresa porque si (no dejen señores de hacer el ejercicio de colocar en el google lo siguiente: "chavez expropia una empresa", los resultados hablan por sí solos), o los Castro con su política de oídos cerrados alimentada con propaganda unilateral mientras el pueblo sobrevive a base de arroz y patatas (que denunciaba Sabina Guzzanti), o Hu Jintao al frente de la segunda economía mundial a costa de ser el primero en saltarse los derechos humanos a la torera que decimos aquí en España, por otra parte bonito país acondicional dirigido mediante una dictacracia en la que el poder se reparte entre dos cada ocho años más o menos, y dónde una empresa puede comprar hoy un suelo para venderlo mañana al 10000%, han oído bien, diez-mil-por-ciento del valor del día anterior (hablo de Martín-Fadesa, para quien le interese). Imagínense quien gana con todo esto, tengo unos trescientos cincuenta amigos en Facebook y ninguno se ha hecho rico especulando, rectifico, ninguno ha ganado dinero especulando. Por seguir un poco más, los aún no famosos de la zona de moda, todos o casi todos, presidentes de facto de sus respectivos paises tras golpes de estados mayoritariamente militares (esto nos suena en este país, ¿verdad?), como Moussa Dadis de Guinea, Teodoro Obiang de Guinea Ecuatorial (íntimo amigo de media Europa como era Gadaffi), Muhamed Uld Albdelaziz de Mauritania, Omar Hasan de Sudan, Robert Mugabe de Zimbabwe. Para ellos estas rápidas reflexiones. Uno, Paz no significa bienestar. Dos, las redes sociales tumban la censura y organizan el desorden. Tres, la presión internacional y la sospecha crece con el cierre del paso a la prensa. Cuatro, hacerse fotos y darse la mano con los líderes de Europa y EEUU ya no significa nada.
Toda esta gente de tan dispares pensamientos e ideologías hacen que a veces incluso se entremezclen y salgan las, seguramente desconocidas para todos ustedes, democracias y dictaduras. Es lo que tiene el mundo globalizado, que nos hace a todos gilipollas y no vemos lo que pasa. Y añadiría para terminar un, ¡no-te-jode!.



jueves, 17 de marzo de 2011

Reflexiones . 3. Agujas de palanca


Sólo había ido a sacar unas fotografías, buscaba el contraluz de una báscula de metal oxidado encuadrada entre los cristales rotos por la soledad definitiva. Salté por la ventana y dentro de la caseta, tristemente custodiado por la inmundicia del olvido y las cenizas de la decadencia, topé con dos vetustas agujas de palanca. Vías cinco y once. Lado Palazuelo. Lado Astorga. Vapor sosegado, silbidos adormilados, despedidas disfrazadas. Perenne encanto de la derrota; no hay ya tren que esperar, pero subo a otro vagón, el del tiempo.

martes, 8 de febrero de 2011

Reflexiones . 2 . La linealidad del tiempo.

Corporales. Algun instante entre los febreros del 1951 y 2011.

La gente que cree que los rencores de la guerra civil se han enterrado junto a quienes todos sabemos, está equivocada. Hay quienes tratan de hablar de ello como un tiempo muy lejano, cuando eran niños y corrían tras un balón de fútbol, pero pronto recuerdan también huir del silbido de las balas contra el viento, hacia las casas. Los oriundos saben los nombres de los cuatro, los bandoleros, dicen algunos, pero al llegar al último todos se sumergen en silencios y ninguno se atreve a mentar su nombre.
No había sombras aquella mañana, la luz del sol reflejada en las calles repletas de nieve helada, las engullía lentamente. El deshielo goteaba llanto por los negros techos de pizarra, los perros corrían en busca de cariño y los gatos agazapados observaban silenciosos, como lo hicieron todos hace años en La Cabrera, el fin del mundo. Arricivita en su despacho, el sargento Ferreras pateando monte y él controlando todo lo que se moviera de Puente Domingo Flórez al valle del Eria. De la lejanía llegaba el susurro de una gaita solitaria mientras en algún pueblo de la campiña las campanas doblaban a muerto.
Las cuadras atrancadas con pequeños trozos de madera apolillada, el relincho de las balas al otro lado, a este, edor a polvora usada, aullidos de lamento, nostalgia de colegio, puertas que es mejor no abrir esos días en que la juventud viene en busca de una mente anciana que reposa como una lagartija despanzurrada inerte bajo el sol, sobre el asfalto de la cruda vejez, reflexionando sobre la muy muy insoportable levedad del ser. Antes ocurrían al menos cosas, ahora cosas es lo que menos ocurre en estos valles olvidados al solitario sol del mediodia donde la nada se apodera de los pastos y por los ríos fluye el tiempo que se escapa entre los dedos, imparable, firme hasta encondese entre los montes en cuyas laderas se ve aún hoy cabalgar, desbocado, un caballo negro, sin brida ni montura, el belfo baboso y los ojos desorbitados. En realidad es el alma del guerrillero abatido en busca de un destino más allá de las cosas de este mundo.
El cuartel de invierno, por así llamarlo, estaba en Castrohinojo, a unos tres kilómetros de Quintanilla de Losada, pero con una subida de agárrate. Desde el final del único acceso al pueblo se divisaban kilómetros a la redonda y se podía detectar una patrulla de la guardia civil a más de lo necesario para aprovisionarse y salir por patas hacia el monte. Toda una fortaleza natural. No importaba ser traicionado porque era imposible ser sorprendido, pero además Castrohinojo era el sitio donde él decía sentirse en casa, arropado, seguro.
Por el tejado de aquella casa, antes de un solo piso, fue por donde rodó al que matarón. Quedo en el medio de la plaza y ahí estuvo una eternidad porque nadie se atrevía a recogerlo. De todos era sabida la puntería del León de Salas, del que se decía por los pueblos que era capaz de darle dos veces a una moneda antes de que cayese al suelo. La sombra de una capa al fondo, en la puerta de enfrente de la casa blanca, un segundo un disparo una silueta chillando desde los escalones de piedra. Allí fue donde hirieron al otro, aquel sí, seguro, sólo pudo ser Girón.
Las arrugas en los rostros eran el resultado de la eterna sospecha, de la perenne desconfianza, del perpetuo miedo a los unos, a los otros, o a caer abatido en medio, o peor aún, terminar como lo hicieron muchos, convertidos en el eco seco de una descarga al otro lado del valle, junto al río, cerca, dónde sólo cinco minutos después ya merodearían los buitres, antes de que el perro llegase a proteger al amo, antes siquiera de poder abrir los ojos y despertar del sueño.
El musgo en las umbrías revelaba la dureza de los inviernos, verde oscuro casi gris, como la ínfima esperanza de librar el cerco, de tener balas y huevos suficientes, de resistir al menos a la noche para intentar huir al monte, verde oscuro casí gris, como el pavor a no volver a verla, a no poder despedirse y malvivir los últimos instantes maldiciendo su existencia. Alimentada la ira con el deseo de unos labios, la mano deja de temblar, el pulso se suaviza, y la Sten no yerra un blanco. La volverá a ver. Una vez más.


domingo, 12 de diciembre de 2010

Reflexiones . 1 . El instante y la circunstancia


Hay instantes que cambian una vida, y K acababa de asistir a uno de ellos aunque no fuese consciente de ello. Los titulares se empapan de noticias de asesinatos, accidentes de tráfico, infortunios causados por la mano del hombre o por la aún más poderosa de la naturaleza, incendios entre los que arden vidas y otras muchas circunstancias negativas. Entremezcladas podemos encontrar también sus antítesis, nacimientos in extremis, niños que sobreviven horas en contenedores, reencuentros, supervivientes y también por supuesto, los felices ganadores de macropremios de lotería. Es asombroso como unos segundos, como una decisión improvisada de última hora o simplemente, como el destino juega a su antojo con las vidas. Siempre le había parecido abismal la diferencia de sentimientos que se entrecruzan en los ascensores de los hospitales, el joven que sube a maternidad al tiempo que alguien pulsa el botón de la planta de enfermos terminales. El mismo lugar, el mismo instante, y tan diferentes sensaciones encontradas en un puñado de metros cuadrados. Dicen que el hombre es un laberinto de sí mismo, lo es sin duda, pero también tenía razón Ortega y Gasset cuando dijo aquello de yo soy yo y mi circunstancia. Y que tan diferentes eran las circunstancias de aquellas dos personas del hospital, pensaba K.

jueves, 25 de noviembre de 2010

miércoles, 6 de enero de 2010

Creo que no volvería a matar a nadie.
Aquella vez lo hice porque me lo pidieron
pero ahora ya no podría hacerlo ni por venganza.
Lo hice una vez, sí,
y ahora eso me condena a escribir en la sombra,
a esquivar la fama bajo un pseudónimo
y vivir condenado a alimentar la leyenda
sospechando en cada esquina.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Amanecía borracho, jugando frente al mar a contar los segundos que el viento tardaba en consumir los cigarros del recuerdo. Miraba al frente, a África dónde se imaginaba en una vida más tranquila, quizás más pendiente de ayudar a un amigo a terminar el tejado de ramas secas de su casa que de realizar aquel estudio microsocial que de poco iba a servir al mundo en general y a él en particular - Influencia en el municipio de Abona de la diferencia horaria respecto a la península -. El temita se las traía en cuanto a lo absurdo e inútil del título así como en la irrelevancia de semejante estudio, pero lo que realmente le frustraba era el relleno de hojas que necesitaría para justificar un - Ninguna -, obvio desde el principio. Aunque en realidad no era eso lo que más le inquietaba cuando llegaba el alba y el mar se volvía magenta, violeta, burdeos, celeste y el cielo daba vida a los primeros rastros de aviones sin destino capaces de romper la monotoneidad de cualquier sólida mañana despejada. Se apoderaba de la sutil levedad de las nubes y absorbía su deseo de moverse, de no estar quieto, de no tener destino, cambiar de dirección y volver, o correr y alejarse para siempre llorando o arrasando todo a su paso, pero alejarse al fin y al cabo, fundido con los vientos para seguir vivo o al menos, morir lejos. Eso le aterraba, morir lejos y solo después de haber recorrido el mundo de norte a sur, no para buscar a alguien, sino para olvidarlo, para olvidarla. El miedo a morir vencido por el proyecto de una vida que ya no dejaba tiempo para enderezarse. Quemaba el sol con el fuego del mechero mientras con un ojo cerrado y otro abierto, prendía unos cinco minutos más de combustión existencial. El gas se perdía ardiendo los deseos y sentía como la brisa traía el olor a nada que tiene la mañana, lejos del perfume de la noche, profundamente contaminado por los sucesos del día. Al final pasaba muchos domingos madrugando, levantándose a las seis a beber un whisky doble e ir a sentarse a la playa a fumarse unos poemas y esnifar unas canciones. Era una vida sana, al menos culturalmente hablando.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Bienvenido al reino de los cielos...

...donde te despiertan con un beso y el desayuno llega a la cama, acompañado por un periódico calentito y una mañana de desidia. Bienvenido acá, donde la gente te ayuda con las bolsas de la compra y los gritos no existen; sólo susurros al oído, leves voces que te dicen que existes. Nadie se retrasa o todos llegan al mismo tiempo tarde, que más da, no importa, nada importa en el reino de los cielos donde gobierna la calma y el sol se pone sólo cuando termina el día. No antes, como pasó ayer. Hay un sitio para aparcar el coche cerca de la oficina, el teléfono está sin cobertura, internet no funciona, y la mañana de trabajo pasa desapercibida por el doble arcoiris que se ve al fondo, donde llueve. Cerveza fría, ducha caliente, sopa templada. El sabado, viaje. El domingo, resaca. Entre medias, saber quien era de verdad Ernest Andrei Friedmann o leer a ese gran músico e ingeniero que escribió La espuma de los días. Bienvenido al reino donde no existen transformadores, convertidores estáticos de frecuencia ni paneles de control del generador. Bienvenido al cielo de los dominicanos, donde dos perros te reciben a la puerta babeando, y no San Pedro con sus llaves que seguro no son ni originales, pues Jesús no se fiaba de nadie y les daba a todos copias, que no siempre funcionaban. Bienvenido al cielo de verdad, dónde el presente gobierna y los recuerdos permanecen en la memoria como si todo hubiese ocurrido minutos atrás. Aquí, no existe el olvido. En el otro lado, allá donde yo estoy, acabo de recordar que el sábado es tu cumpleaños, tantas veces olvidado cuando vivía, y sin embargo ahora, desde el reino de las sombras, no hago más que pensar que no podemos seguir creciendo juntos porque uno de los dos ya no esta, y no consigo saber si eres tú o soy yo quien falta.

miércoles, 29 de julio de 2009

Just only music...

Me encantan las mañanas de verano en que el sol se despierta prolongando las sombras sobre las paredes, la habitación huele a cafe, no hace frío y entre las sábanas, arrugada, aparece ella disfrazada de una novela interminablemente deliciosa. Neverending story. El tiempo se detiene y uno se pregunta cuando volverán las nubes otra vez para destruirlo, con lo delicioso que se vuelve todo cuando eres tu quien puede hacer desaparecer, o aparecer, o dejar las cosas simplemente como estaban. Mermelada de fresa en el bote y zumo de naranja en el brick, o simplemente un vaso limpio dentro de un fregadero vacío. I'm a complete mess, really. La ducha decide no joderme la mañana con un cambio inesperado de la temperatura del agua (odio congelarme y/o escaldarme y/o viceversa), la sensación de una toalla seca, o el simple sonido del spray indicando que aún queda desodorante en el bote. I'm a complete mess, really. Supongo que no me gusta que las cosas se terminen sin poderme anticipar a su fin, unexpected, y también supongo que me gusta que empiecen sin tiempo para pensar que es lo que deseo que empiece. Suddenly. That's why i love start up the car and the radio is dancing alone, just in the same frequency than yesterday when i stopped it, after came back from die kraftwerk. Me sorprende a las siete de la mañana, camino de Plattling, con los primeros acordes de una Silbermond, de Jarvis, de Marley o del gran Dylan que levanta el día aunque la posición del limpiaparabrisas marque el tres. La música se folla las mentes, que diría el otro Dante, las seduce, cambia el ánimo, es como una corriente de electrones cruzando de oreja a oreja o un desfibrilador natural que acelera el ritmo cardiaco, o lo pausa jugando a su antojo con las pulsaciones, 130, you my, 140, brown eye girl, 150...remember when, we used to sing, Sha la la la la la la la la la la te da. Por eso yo follo con música... si me dejan.

miércoles, 8 de julio de 2009

La mañana del siete Ian debía haber pilotado el Martin B-26 Marauder según se había planificado. Pero no había siete hombres disponibles porque lo realmente importante de la misión era disponer de cuantos B-17 como fuera posible para atacar directamente a las fábricas de Schweinfurt y Regensburg. Por ello se mando armar hasta los topes el Douglas A-20 Havoc, en el que llevaría sólo dos compañeros. Ese cambio era algo que Ián no conocía, aunque de haberlo sabido tampoco le hubiese importado porque era consciente de que con ninguno de los dos podría hacer algo contra una inesperada visita de los potentes cazas Me 262A-1 de la Luftwaffe. Impulsados por potentes Jumo y armados con cañones Rheinmettall de 30mm, capaces de coger 855km/h, podían enfrentarse a cualquier tipo de avión del arsenal aliado de la época. Precisamente ( y esto lo intuía Ian ), el objetivo de la Juggler era una de sus fábricas, lo que hacía determinante el factor sorpresa. De lo que no tenía la menor idea es, que aquel sería el único caza de la operación, que saldría al frente, y que su objetivo era definitivamente muy opuesto al que pensaba. [...]

Nunca había estado de acuerdo con todas aquellas formas de agrupar a las personas por un lazo en común, sin tener en cuenta los miles de ellos que las diferenciaban. Sin embargo ellos, el mundo, pensaba (y valga por esta vez la generalización), se empeñaban en empaquetar personas como galletas, en cajas con distintos sabores, formas e ingredientes, sin darse cuenta que la gente no es en sí un trozo de trigo, glucosa y chocolate que permanece inmóvil hasta que alguien la engulle y desaparece. Los seres son mentes más que cuerpos, se mueven sin necesidad de desplazarse, cambian de sabor y de costumbres, a veces vencen la rutina y son capaces de experimentar entre ellos ciertos rasgos de una simbiosis que termina en amor. Nunca se da al contrario, el amor no es suficiente para unir a dos personas. Las mentes escupen sobre los grupos. Las mentes son, como le había leído a Gidè, individualistas. Por eso él huía de todos esos generalismos y no veía relación sustancial entre individuos de la misma raza, de la misma religión o del mismo colectivo, no creía en la fuerza de la unión de una Brigada o una División para vencer, porque realmente no creía en la existencia de un ejercito contrario al que vencer, al que disparar sin saber muy bien porqué. Por eso trataba de entender a cada persona como la única muestra de sí mismo, como un ser irrepetible, como su propio yo. Valoraba por encima de cada nación a sus ciudadanos, y seguía dando vueltas en la cama pensando que hacía allí una persona que no creía en la palabra “País”, y que odiaba eso que a los políticos tanto les gustaba decir: - “Somos...” -, - “Nosotros...” -.

jueves, 11 de junio de 2009

Podría empezar también así

Cuando aquel hombre uniformado le describió bajo la lluvia el cometido de la misión, sólo pudo cerrar los ojos, tomar aire y ver pasar en un instante todo cuanto pudo recordar había ocurrido en su vida, porque sintió que aquello era de algún modo el final de ella y como si cayese al vacío arrojado desde el fin del mundo pero viendo siempre a este bajo sus pies esperándo para aniquilarlo, trató de amarrarse a los recuerdos pero se deslizó sobre ellos y continuó desplomándose sintiendo como el miedo le rozaba la piel y el desaliento ocupaba por completo el espacio que el aire dejaba libre en sus pulmones mientras él se desinflaba invadido por el silencio del terror y de la duda[...].

Desobedecer aquella orden, sabía que significaría su expulsión irrevocable del ejercito, ser tratado como un desertor y poner en tela de juicio su patriotismo, lo cual era en su país algo mucho peor que la muerte en combate, siempre llena de medallas y banderas, de flores y de himnos, de desconsoladas madres apoyando a otras que ahora habían dejado también de serlo. Guionistas de argutorio lanzando al aire sus consignas de “que pena, con lo joven que era” o “que injusto, siempre se van los mejores” o “pobre familia, no se si se recuperarán, tiene que pasar el tiempo”. “El tiempo”, Negra mentira oculta tras el duelo, cínico amparo que invade al desconsuelo...

El tiempo no cura, es sólo es una goma de borrar, la herramienta que el olvido usa para ocultar las marcas del pasado.

Obedecerla, trataba de convencerse, era condenarse a recordarla cada día. Obedecerla significaba formar parte de ella el resto de su vida.



lunes, 18 de mayo de 2009

Había logrado llegar a dedo al pueblo y aún le quedaban unos cuatro kilómetros de subida. La fina lluvia no molestaba, pero las gotas se iban acumulando en las gafas y deslizaban por su mejilla disfrazadas de lágrimas, buscando el suelo para perderse en el asfalto empapado. La campiña era pura primavera y doblar cada rampa era ofrecer a los ojos alfombras verdes infinitas, interrumpidas por filas desordenadas de troncos ocultos bajo tupidas matas de ramas colgantes, parterres divididos por hileras de rocas de una cantera cercana (ahora ya casi olvidada) y algunos tejados de pizarra. A mi espalda siempre, el Danubio.

La pared de piedra, asomaba al frente como la muralla de un castillo, fría e imponente, inquebrantable por el paso del tiempo y, absorviendo todos los rayos de luz, envuelta en un ligera oscuridad, como flotando sobre una de esas bajas nieblas londinenses. La entrada se veía, tal como la recordaba de aquella foto que le había llevado hasta allá, dos torres de roca a cada lado no muy altas, bastante anchas y cuadradas, unidas entre sí por una balconada. Formaba el conjunto una “H” con la puerta en el centro completamente blindada, sellada entre las dos torres, cada una de ellas con cristaleras en la parte superior cubriendo todo el contorno y permitiendo controlar lo que ocurría en cualquier dirección. Un tejadito metálico que de algún modo recordaban a una estructura oriental, las cerraba. Quizás no sólo el símbolo fue extraído de esta cultura.

El haber llegado temprano me permite verlo lejos de la avalancha de turistas morbosos, que van directos a la cámara de gas y los crematorios, tomán la foto, y se van. El silencio inunda los barracones a ambos lados del amplio pavimento central, y se pierde al final herido por cinco lineas de hierros herrumbrosos y afilados. Arrest-Gebäude, ciclón B y ladrillos de cerámica. El calor se pega al cuerpo como el plástico quemado a la piel. 1230, judío, 2435, homosexual, 4123 republicano. La verdad es siempre cruel aunque estés preparado para ella. Wilhelm Schulz, Poland, 1906-1941. Miguel Alcubierre, 4218, muerto en 24-3-1941 , de su hijo José, 4100. Muchos murieron defendiendo sus ideas, otros no pudieron tan siquiera defenderlas. A ambos.


Mauthausen (mayo 09)

martes, 12 de mayo de 2009

Sin ganas de escribir...

Tenía varias cosas preparadas para ir metiendo en el blog, entre ellas algo nuevo, una idea de entrega en pequeños capítulos en los que K tendrá mucho que decir, acompañadas de la ya tradicional fotografía. Quizás iba a empezar hoy, quizás no, no lo sabía. Pero ahora está claro que no, porque lo único que me apetece es sentarme en Bâle, Bassel, Basilea, o como quieran llamarlo, me da igual, y escuchar La chica de ayer, El sitio de mi recreo o cualquier otra cosa que me transporte a otro tiempo, no muy lejano, en que había muchísima más gente viva que ahora, o por lo menos otra gente más interesante que los quedamos. Siempre se van los mejores y eso me pone triste, porque lo que queda, lo que sobrevive, es una cuidada selección natural de los más adaptados, pero no por ello de los más fuertes. A mi me daba fuerza la depresiva melodía que empezaba... tananana na na na un día cualquiera no sabes que hora es, te acuestas a mi lado sin saber porqué, las calles mojadas te han visto crecer, y tú en tu corazón estás llorando otra vez... un abrazo para todos aquellos que han logrado que me asome a la ventana, es el único momento en que me gustan las esperas.
Grandísimo Antonio Vega, sé de otro que lo diría si estuviese acá.

martes, 31 de marzo de 2009

Tecnología del pasado.

Saqué la microSD y la enganché al USB para meterla en el PC. - Esto es música en mp3, abuelo -, trataba de explicarle mientras la tarjeta de memoria se escurría entre las uñas de sus dedos como se desliza la tristeza entre los labios de una despedida, como se hunde la vida en la balsa del tiempo mientras en la superficie nada pasa. A veces tengo la amarga sensación de que la insustancialidad de la tecnología traiciona el afecto de la vejez, separando generaciones, sesgando conversaciones. Yo recuerdo sentarme a escuchar. Recuerdo saber callar y aprender a diferenciar sin erigirme juez. Enmudecer de manera insconsciente con el ruido de una Mikado, leer la felicidad en tus ojos hablando de aquel balón de fútbol que la Falange, a quien nunca te arrimaste, te regaló. Ese mismo que golpeabas en la plaza de Astorga un día cualquiera de las vacaciones de verano. Bueno, no exactamente un día cualquiera, era un 17 de julio de 1936. Lo sé, porque tú me lo contaste y yo, callado, te supe escuchar. Aquel día una pareja de la Guardia Civil había subido por el Postigo con la Astra modelo 1921, nueve milímetros no del todo enfundados que invitaban a correr a casa despavorido. Aquel balón olvidado, robado, me mostró las sospechas y desconfianzas que un niño de entonces tenía y que no difieren de las que tiene uno de hoy.
Mi abuelo habla, como cualquier otro, de cosas mucho más interesantes que el mp3 y el USB, de cosas que todo el mundo comprende porque están muy por encima de las costumbres de una generación. Son quizás ideologías. La de la vida, el cariño, el trabajo, el esfuerzo. Habla del no matarás y del morir matando. Son quizás las ideologías que la república, el franquismo o la transición no han podido enseñar al pueblo, porque el pueblo ya las conocía. Por ello se han ocupado de enseñar estupideces y deformar acontecimientos, crear necesidades y continuar dividiendo en dos, un país del que salen muchos más. De sembrar la calle de heroes y villanos y clavarlos en las esquinas.
Yo, quiero una placa con el nombre de mi abuelo porque la venganza no se apoderó nunca de él, porque trabajó años para que su nieto pudiera reir cada día y porque lloró a escondidas para que otros se calmasen en su hombro. Porque aunque apenas camina, es el primero en empujar el coche que no arranca, pero sobretodo porque ha sabido ser el puente entre dos orillas que se alejan, y sin obligarme a saltar, me ayuda cada día a elegir el lado del que quiero formar parte. Pegado siempre al transistor y al parte, dudo que necesite de las cuatro mil canciones del mp3 de cuatro gigabytes que seguramente ni siquiera yo escucharé de seguido, nunca. Por eso siempre me acuerdo de los valores que me inculcaste y por eso, no descansaré hasta que entiendas qué es el mp3.

viernes, 20 de marzo de 2009

Una temporada en el infierno

No sé, si realmente la primavera me brindó la risa repugnante del idiota, desde acá no alcanzo a ver si las nubes van o vienen, si se mueven, o son siempre las mismas las que se enroscan a las chimeneas apagadas de la infancia. No tengo muy claro que el sol salga cada día y sin embargo todos se pone, lo sé. Es entonces, con las pupilas dilatadas y los párpados cerrados, cuando salgo en tu busca a algún lugar de la playa, no muy seguro de querer encontrarte.
La brisa se lleva el tiempo que gotea como un reloj de arena, lento, imperturbable, eterno, mientras el suave oleaje trae de nuevo, el mundo del recuerdo y la nostalgia en que me sumerjo con el único oxígeno de aquellos versos que un día me escribiste. Cangrejos, medusas, anémonas o tú, son algunos de los peligros de la playa. Ron, nicotina, o Dylan, algunos de los placebos.
En el horizonte, las luces de los barcos parpadean desacompasadamente con las de los aviones que descienden, se mezclan con el rítmico encendido del faro, y todas se diluyen en las farolas del puerto, a mi espalda, envolviendo la noche con un extraño manto de alegría, del que no me siento partícipe. La luz de la torre vuelve a mi cara y me ciega. Cuanto más trata uno de pasar desapercibido, más increibles son los sucesos que le devuelven al ducho mundo de la urbe. Y sin embargo paseo habitualmente envuelto en esa terrible impersonalidad que me embriaga y detesto por igual. La ciudad es una charca de lodo, un espacio de arenas movedizas que te arrastra hacia el fondo más rápido cuanto más te mueves. Por eso a veces es bueno quedarse quieto, mirar el oxidado hierro de las estructuras inconexas de los parques, es bueno parar, enchufar el mp3 y sentirse ciudadano de un mundo que muy probablamente no sepa que existes. De eso bien puede hablarte el desamparado que utiliza los cajeros como alcobas improvisadas cuando cae la noche; terrible ironía de un universo donde aquellos que roban durante el día acojen en la noche los pobres sueños de un mendigo que descansa apoyado sobre la dura pared en cuyo lado opuesto se amontonan, por doquier, blandos fajos de billetes de cincuenta. De eso bien puede hablarte aquel que vió las luces de la ciudad desde el mar, mientras por estribor se acercaban las patrulleras y a babor la gente saltaba decidida, a un futuro ciertamente incierto. De eso bien puede hablarte, aquel que manchó sus lágrimas con la sangre aún caliente de sus hijos, aquellos que tintarón para siempre su ego con el amargo color de la venganza. ¿Les has escuchado alguna vez? o son también para tí invisibles, como tú lo eres.
La bolsa baja, el paro sube, el petróleo se encarece y matar sale cada día más barato. No compraré jamás un arma, pero mi gobierno se enriquece a costa de su venta. Aquí nadie es racista, pero siguen pensando que le darán el trabajo a la chica del velo islámico, que le ha robado el negro africano, que el marroquí seguro tiene hachis o que yo, que soy el más listo, siempre tengo la razón.

He aquí, el mundo. Bienvenido a otra entrega más de una temporada en el infierno*.

*Obra de Arthur Rimbaud.

Ander.