domingo, 12 de diciembre de 2010

Reflexiones . 1 . El instante y la circunstancia


Hay instantes que cambian una vida, y K acababa de asistir a uno de ellos aunque no fuese consciente de ello. Los titulares se empapan de noticias de asesinatos, accidentes de tráfico, infortunios causados por la mano del hombre o por la aún más poderosa de la naturaleza, incendios entre los que arden vidas y otras muchas circunstancias negativas. Entremezcladas podemos encontrar también sus antítesis, nacimientos in extremis, niños que sobreviven horas en contenedores, reencuentros, supervivientes y también por supuesto, los felices ganadores de macropremios de lotería. Es asombroso como unos segundos, como una decisión improvisada de última hora o simplemente, como el destino juega a su antojo con las vidas. Siempre le había parecido abismal la diferencia de sentimientos que se entrecruzan en los ascensores de los hospitales, el joven que sube a maternidad al tiempo que alguien pulsa el botón de la planta de enfermos terminales. El mismo lugar, el mismo instante, y tan diferentes sensaciones encontradas en un puñado de metros cuadrados. Dicen que el hombre es un laberinto de sí mismo, lo es sin duda, pero también tenía razón Ortega y Gasset cuando dijo aquello de yo soy yo y mi circunstancia. Y que tan diferentes eran las circunstancias de aquellas dos personas del hospital, pensaba K.

jueves, 25 de noviembre de 2010

miércoles, 6 de enero de 2010

Creo que no volvería a matar a nadie.
Aquella vez lo hice porque me lo pidieron
pero ahora ya no podría hacerlo ni por venganza.
Lo hice una vez, sí,
y ahora eso me condena a escribir en la sombra,
a esquivar la fama bajo un pseudónimo
y vivir condenado a alimentar la leyenda
sospechando en cada esquina.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Amanecía borracho, jugando frente al mar a contar los segundos que el viento tardaba en consumir los cigarros del recuerdo. Miraba al frente, a África dónde se imaginaba en una vida más tranquila, quizás más pendiente de ayudar a un amigo a terminar el tejado de ramas secas de su casa que de realizar aquel estudio microsocial que de poco iba a servir al mundo en general y a él en particular - Influencia en el municipio de Abona de la diferencia horaria respecto a la península -. El temita se las traía en cuanto a lo absurdo e inútil del título así como en la irrelevancia de semejante estudio, pero lo que realmente le frustraba era el relleno de hojas que necesitaría para justificar un - Ninguna -, obvio desde el principio. Aunque en realidad no era eso lo que más le inquietaba cuando llegaba el alba y el mar se volvía magenta, violeta, burdeos, celeste y el cielo daba vida a los primeros rastros de aviones sin destino capaces de romper la monotoneidad de cualquier sólida mañana despejada. Se apoderaba de la sutil levedad de las nubes y absorbía su deseo de moverse, de no estar quieto, de no tener destino, cambiar de dirección y volver, o correr y alejarse para siempre llorando o arrasando todo a su paso, pero alejarse al fin y al cabo, fundido con los vientos para seguir vivo o al menos, morir lejos. Eso le aterraba, morir lejos y solo después de haber recorrido el mundo de norte a sur, no para buscar a alguien, sino para olvidarlo, para olvidarla. El miedo a morir vencido por el proyecto de una vida que ya no dejaba tiempo para enderezarse. Quemaba el sol con el fuego del mechero mientras con un ojo cerrado y otro abierto, prendía unos cinco minutos más de combustión existencial. El gas se perdía ardiendo los deseos y sentía como la brisa traía el olor a nada que tiene la mañana, lejos del perfume de la noche, profundamente contaminado por los sucesos del día. Al final pasaba muchos domingos madrugando, levantándose a las seis a beber un whisky doble e ir a sentarse a la playa a fumarse unos poemas y esnifar unas canciones. Era una vida sana, al menos culturalmente hablando.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Bienvenido al reino de los cielos...

...donde te despiertan con un beso y el desayuno llega a la cama, acompañado por un periódico calentito y una mañana de desidia. Bienvenido acá, donde la gente te ayuda con las bolsas de la compra y los gritos no existen; sólo susurros al oído, leves voces que te dicen que existes. Nadie se retrasa o todos llegan al mismo tiempo tarde, que más da, no importa, nada importa en el reino de los cielos donde gobierna la calma y el sol se pone sólo cuando termina el día. No antes, como pasó ayer. Hay un sitio para aparcar el coche cerca de la oficina, el teléfono está sin cobertura, internet no funciona, y la mañana de trabajo pasa desapercibida por el doble arcoiris que se ve al fondo, donde llueve. Cerveza fría, ducha caliente, sopa templada. El sabado, viaje. El domingo, resaca. Entre medias, saber quien era de verdad Ernest Andrei Friedmann o leer a ese gran músico e ingeniero que escribió La espuma de los días. Bienvenido al reino donde no existen transformadores, convertidores estáticos de frecuencia ni paneles de control del generador. Bienvenido al cielo de los dominicanos, donde dos perros te reciben a la puerta babeando, y no San Pedro con sus llaves que seguro no son ni originales, pues Jesús no se fiaba de nadie y les daba a todos copias, que no siempre funcionaban. Bienvenido al cielo de verdad, dónde el presente gobierna y los recuerdos permanecen en la memoria como si todo hubiese ocurrido minutos atrás. Aquí, no existe el olvido. En el otro lado, allá donde yo estoy, acabo de recordar que el sábado es tu cumpleaños, tantas veces olvidado cuando vivía, y sin embargo ahora, desde el reino de las sombras, no hago más que pensar que no podemos seguir creciendo juntos porque uno de los dos ya no esta, y no consigo saber si eres tú o soy yo quien falta.

miércoles, 29 de julio de 2009

Just only music...

Me encantan las mañanas de verano en que el sol se despierta prolongando las sombras sobre las paredes, la habitación huele a cafe, no hace frío y entre las sábanas, arrugada, aparece ella disfrazada de una novela interminablemente deliciosa. Neverending story. El tiempo se detiene y uno se pregunta cuando volverán las nubes otra vez para destruirlo, con lo delicioso que se vuelve todo cuando eres tu quien puede hacer desaparecer, o aparecer, o dejar las cosas simplemente como estaban. Mermelada de fresa en el bote y zumo de naranja en el brick, o simplemente un vaso limpio dentro de un fregadero vacío. I'm a complete mess, really. La ducha decide no joderme la mañana con un cambio inesperado de la temperatura del agua (odio congelarme y/o escaldarme y/o viceversa), la sensación de una toalla seca, o el simple sonido del spray indicando que aún queda desodorante en el bote. I'm a complete mess, really. Supongo que no me gusta que las cosas se terminen sin poderme anticipar a su fin, unexpected, y también supongo que me gusta que empiecen sin tiempo para pensar que es lo que deseo que empiece. Suddenly. That's why i love start up the car and the radio is dancing alone, just in the same frequency than yesterday when i stopped it, after came back from die kraftwerk. Me sorprende a las siete de la mañana, camino de Plattling, con los primeros acordes de una Silbermond, de Jarvis, de Marley o del gran Dylan que levanta el día aunque la posición del limpiaparabrisas marque el tres. La música se folla las mentes, que diría el otro Dante, las seduce, cambia el ánimo, es como una corriente de electrones cruzando de oreja a oreja o un desfibrilador natural que acelera el ritmo cardiaco, o lo pausa jugando a su antojo con las pulsaciones, 130, you my, 140, brown eye girl, 150...remember when, we used to sing, Sha la la la la la la la la la la te da. Por eso yo follo con música... si me dejan.

miércoles, 8 de julio de 2009

La mañana del siete Ian debía haber pilotado el Martin B-26 Marauder según se había planificado. Pero no había siete hombres disponibles porque lo realmente importante de la misión era disponer de cuantos B-17 como fuera posible para atacar directamente a las fábricas de Schweinfurt y Regensburg. Por ello se mando armar hasta los topes el Douglas A-20 Havoc, en el que llevaría sólo dos compañeros. Ese cambio era algo que Ián no conocía, aunque de haberlo sabido tampoco le hubiese importado porque era consciente de que con ninguno de los dos podría hacer algo contra una inesperada visita de los potentes cazas Me 262A-1 de la Luftwaffe. Impulsados por potentes Jumo y armados con cañones Rheinmettall de 30mm, capaces de coger 855km/h, podían enfrentarse a cualquier tipo de avión del arsenal aliado de la época. Precisamente ( y esto lo intuía Ian ), el objetivo de la Juggler era una de sus fábricas, lo que hacía determinante el factor sorpresa. De lo que no tenía la menor idea es, que aquel sería el único caza de la operación, que saldría al frente, y que su objetivo era definitivamente muy opuesto al que pensaba. [...]

Nunca había estado de acuerdo con todas aquellas formas de agrupar a las personas por un lazo en común, sin tener en cuenta los miles de ellos que las diferenciaban. Sin embargo ellos, el mundo, pensaba (y valga por esta vez la generalización), se empeñaban en empaquetar personas como galletas, en cajas con distintos sabores, formas e ingredientes, sin darse cuenta que la gente no es en sí un trozo de trigo, glucosa y chocolate que permanece inmóvil hasta que alguien la engulle y desaparece. Los seres son mentes más que cuerpos, se mueven sin necesidad de desplazarse, cambian de sabor y de costumbres, a veces vencen la rutina y son capaces de experimentar entre ellos ciertos rasgos de una simbiosis que termina en amor. Nunca se da al contrario, el amor no es suficiente para unir a dos personas. Las mentes escupen sobre los grupos. Las mentes son, como le había leído a Gidè, individualistas. Por eso él huía de todos esos generalismos y no veía relación sustancial entre individuos de la misma raza, de la misma religión o del mismo colectivo, no creía en la fuerza de la unión de una Brigada o una División para vencer, porque realmente no creía en la existencia de un ejercito contrario al que vencer, al que disparar sin saber muy bien porqué. Por eso trataba de entender a cada persona como la única muestra de sí mismo, como un ser irrepetible, como su propio yo. Valoraba por encima de cada nación a sus ciudadanos, y seguía dando vueltas en la cama pensando que hacía allí una persona que no creía en la palabra “País”, y que odiaba eso que a los políticos tanto les gustaba decir: - “Somos...” -, - “Nosotros...” -.